INTRODUCCIÓN ¡Ah, la pintura! Aquella maravillosa criatura que nace de las profundidades nuestras, de aquellas regiones donde el Leteo y el Eunoé serpentean en esa perpetua noche de dolores y pesares. Es necesario entrar en estas regiones de espanto, llevando el candil del corazón encendido; sólo así podremos iluminar nuestros pasos en esas regiones donde Cerbero ladra. La luz nuestra nos permitirá conocer regiones insospechadas por el intelecto. Caronte nos pedirá unas monedas de suprema voluntad, la redención nuestra. En las profundidades del infierno cogeremos aquellos cuerpos pestilentes, ese barro inmundo del que están fabricados nuestros dolores, los amasaremos, los purificaremos y daremos a luz... Toda creación está relacionada con la sexualidad. Nada hay que escape de esta regla permanente. Tomamos de nuestro interior lo que allí hay, y lo sacamos al exterior, sin cambios ni modificaciones. Sí allí hay dolores los sacaremos al exterior sufrientes; si allí hay serenidad y quietud se manifestará exactamente igual en el exterior. Es importante conocer este interior.
Para esta muestra he escogido un número determinado de pinturas y dibujos, de aquellas que he podido fotografiar, pues una gran mayoría de mis obras están fuera de mi alcance. Estas pinturas y dibujos han ido más allá de lo ordinario, para introducirse en la dimensión donde se desarrollan nuestras vivencias síquicas. El mundo donde pasamos la mitad de nuestra vida, noche a noche y en otros momentos tan necesarios mientras el cuerpo físico descansa, es tan real y nada nos dice que no existe, al contrario es evidente. |
La literatura no nace de otra matriz que no sean los mismos infiernos de donde brota la pintura. Tenemos que comprender que mientras no nos conozcamos íntimamente, tenemos no otra cosa que los infiernos por dentro. Allí se desciende para conocer a nuestros personajes, a la multiplicidad de criaturas lloriqueantes y absurdas que la habitan. Está en nosotros sacarlas a la superficie exactamente iguales, llenos de grosera suciedad, o de eliminarlas, reducirlas a polvo y luego con esa misma materia crear anatomías perfectas, llenas de majestad, inocencia pura y absoluta serenidad. En esta Génesis participa esa misma vitalidad que ha originado galaxias, planetas y el propio hombre, la vitalidad de una simiente permanente; nadie quiere engendrar un hijo defectuoso. Mis novelas son metáforas filosóficas. Encierran profundas realidades síquicas y sus manifestaciones corporales en la vida diaria. Sus personajes, son alquimistas; eh aquí a uno de ellos tomando el plomo que endurece su corazón, lo observa, lo analiza, lo desmenuza, lo estudia íntimamente y al final con un esfuerzo de rotunda rebeldía lo transforma en oro puro. Es común encontrar también criaturas humanas que aman el plomo, gustan del plomo y quieren convertir en plomo todo aquello que ven, son alquimistas de una senda oscura. Todo lo existente proviene de una simiente, todo se origina de una semilla, nada hay que ignore esta regla trascendente de la naturaleza, y por lo mismo el trabajo por convertir en oro todo aquello del vil metal, tiene su asiento en nuestra simiente. Toda génesis habla de procesos sexuales. Somos seres totalmente sexuales. Los personajes que habitan en nuestras obras, por muy pequeñas que sean nuestras obras, son totalmente sexuales; esto es obvio basta hacer un verdadero examen de ellos. El sexo nos redime o nos condena, todo depende de como usemos de esa fuerza omnipotente que gobierna la naturaleza entera. Dios es absolutamente sexual.
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