EPÍLOGO Todo nacimiento habla de una inherente dinámica sexual. Para que una persona nazca en el mundo ha tenido que existir un padre, una madre y una relación sexual. Todo lo que conocemos como vivo proviene de un gameto masculino y otro femenino, no hay otro procedimiento para tener existencia en el mundo; el diminuto insecto que se arrastra con sus múltiples patas, el pez que vive respirando bajo el agua, los cuadrúpedos y el propio hombre han tenido que usar la puerta del sexo para tener vida en nuestro mundo. Con esto no podemos ignorar el hecho de que algunos animales primitivos se reproduzcan asexualmente, lo mismo que los microorganismos más simples, y podemos añadir a este conjunto de seres vivos a un grupo de plantas. Ahondando dentro de los interiores filosóficos de estas criaturas, encontramos que poseen exclusivamente ambas fuerzas, una conjunción de padre y madre. Realmente en esto no hay asexualidad, sino que los procesos de su sexualidad abarcan aspectos un tanto diferentes al de los humanos y demás criaturas que habitan el planeta. Pero la fuerza sexual, ese "instinto", ese poder de crear que trae por consiguiente a un nuevo individuo es la misma.
El hecho de nacer está regido por una regla absolutamente universal a la vez que maravillosa. Padre, Madre e Hijo, son los principios fundamentales de la existencia sobre el Planeta Tierra y en el Universo. El Universo mismo ha tenido sus propios padres, el Universo ha sido gestado, ha nacido, se ha desarrollado, se ha reproducido y de seguro morirá; las leyes biológicas rigen su vida lo mismo que de cualquier cuerpo celeste allende en el espacio infinito. Padre, Madre e Hijo, son los principios fundamentales presentes en todos los grandes movimientos de regeneración humana. El Padre, Hijo y Espíritu Santo, de los cristianos está presente entre los indostanes como Brahma, Visnú y Siva. Entre los antiguos egipcios, está: Osiris, Orus e Isis. Entre los aztecas: Huitzilopochtli, Quetzalcóatl y Coyolxauhqui. Los escandinavos tienen a Odín, Thor y Frigga. Un ojo avisor encontrará, en otros movimientos de regeneración de la antiguedad, estos tres princípios fundamentales. Estos principios son perennes, no desaparecen; cuando un movimiento de regeneración humana desaparece, estos principios son tomados por otro que recién nace. Es importante realzar que estos movimientos de regeneración rigen su existencia con leyes biológicas: nacen, crecen, se reproducen, envejecen y mueren. Padre, Madre e hijo, como dioses, también están presentes dentro del individuo humano. Como es afuera es adentro, como es arriba es abajo. La sexualidad humana está íntimamente relacionada con estos tres aspecto fundamentales de nuestro interior. Los defectos sicológicos nos alejan de ellos. Si decimos que debe nacer el Cristo en nuestro corazón, significa que tiene que existir un connubio sexual entre Dios Padre y Dios Madre de nuestro interior. Toda cosa que existe ha tenido que nacer. Todo proviene de sus padres. Todo tiene como fundamento inicial una sexualidad. Los hechos de gran trascendencia como el nacimiento de Cristo tienen como cimientos una sexualidad. El nacimiento de un Dios, como el Cristo, o de un ángel, es un hecho sexual. La sexualidad humana está relacionada con los más grandes eventos de su interior. Nada trascencente se puede lograr ignorando lo sexual en los acontecimientos humanos y divinos. Desintegrar defectos sicológicos y crear en nuestro interior maravillosos cuerpos con el esplendor de las virtudes son hechos totalmente sexuales. Un ángel o un buen ciudadano es el producto de una sexualidad encaminada a desintegrar defectos sicológicos. No puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior el odio, no puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior la violencia, no puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior la vanidad, no puede ser buen ciudadano quién posea en su interior la mentira, no puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior la lujuria, no puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior la venganza, no puede ser un buen ciudadano quién posea en su interior el miedo o los múltiples monstruos que en su momento mostrarán su horrendo rostro y sus bestiales armas. Estos monstruos se ofenden por todo, sufren por todo, lloran por todo; sus goces son sufrimientos. El Cristo, siendo superior a los ángeles, arcángeles, regentes planetarios, potestades o tronos, en su momento sólo prefirió ser un buen hombre. La fuerza, el poder en el que se sustentan los buenos atributos humanos se condensan en las gónadas sexuales. Aquí adentro, rodeados de arquetipos genesíacos, se realizan los combates más espantosos que pueda conocer el hombre. Aquí combaten fuerzas angélicas y fuerzas tenebrosas en busca de una superioridad. En las gónadas están contenidas las aguas de vida, aquella poderosa esencia creadora de vida; Dios ha puesto aquí todos sus atributos. De vencer las fuerzas tenebrosas, todo su contenido vital será dilapidado, expulsado y en su lugar vendrán esquizofrénicas sombras, habitadas por sombríos espectros. Si por el contrario las fuerzas angélicas se imponen, entonces lo almacenado en ese crisol será transmutado y llevado hacía el cerebro y hacía el corazón en verdaderas oleadas de luz.
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Todo defecto sicológico puede y debe ser desintegrado. La lujuria, con sus múltiples tentáculos puede ser reducido a polvo sicológico. No es natural que el instinto sexual esté relacionado con la lujuria. No es natural que el instinto de reproducción de la especie humana esté relacionado con la lujuria. Eliminada la lujuria, el instinto sexual se mantiene y sin duda que sus delicias edénicas no se perderán. Es importante desintegrar este defecto sicológico, pues es la madre y reyna de todos los demás defectos sicológicos; allá en los inicios de los tiempos está parió a algunos defectos sicológicos y estos sin un freno apropiado se multiplicaron de manera espantosa. Por estos tiempos cada uno de nosotros no hace más que darle un vigor desmesurado a cada una de estas caricaturas sicológicas y con cada estímulo que se presenta lo permitimos crecer incontrolablemente. Nuestra sexualidad ha traido el nacimiento de nuestros defectos sicológicos y nuestra sexualidad debe destruirlos, no existe otra manera. Por la misma puerta que se sale se tiene que volver. Nuestra sexualidad nos sacó del Edén y sólo ella puede regresarnos al Edén. Ninguna teoría puede traer al nacimiento a un ser humano, sólo una relación sexual puede hacerlo; sólo los procesos sexuales tienen el suficiente poder como para poder crear una vida y sólo los procesos sexuales tienen la suficiente fuerza como para dar vida a un defecto o como para destruirlo. Los defectos sicológicos tuvieron su génesis sexualmente y la manera para destruirlos es la misma que los originó, ninguna otra fuerza puede lograrlo. El cerebro con todas sus teorías, y el corazón con todos sus sentimientos, no pueden desintegrar defectos, pero sin duda ellos pueden contribuir en gran manera con su destrucción. Toda manera usada para desintegrar defectos es una pérdida de tiempo si no está bien encausada por una verdadera sexualidad. Esto bien lo sabían los magnos creadores de movimientos de regeneración humana y sin duda fueron los primeros en practicarla y poner el ejemplo. Manco Capac, Jesus el Cristo, Wiracocha, Quetzalcoatl, Krisna, Fu ji, Buda, usaron esta piedra: la filosofal, para convertirse en hombres y luego en dioses. Digo convertirse en hombres, porque ninguna criatura gobernado por los monstruos de su interior puede serlo, en todo caso sería un animal con intelecto, tan sólo eso. El miedo puede ser desintegrado, esto es urgente. El miedo nunca le fue útil a la humanidad, por su causa han sucedido los más funestos acontecimientos que conoce la humanidad. El principal ingrediente de las guerras es el miedo. El principal componente de la violencia es el miedo. El mayor error que existe está en el hecho de remplazar el miedo por la violencia, entonces nos sólo somos miedosos sino que también violentos. No es natural que el instinto de supervivencia esté relacionado con el miedo, es una rotunda equivocación afirmar que la humanidad ya se habría extinguido sin el apremio del miedo por buscar seguridad. Por el contrario este puede ser la principal causa de su extinción como especie. Si nosotros eliminamos de nuestro interior el miedo, tendremos más cordura para vivir y, en su momento para supervivir. Es apremiante eliminar de nuestro interior todo defecto sicológico. Todo agregado sicológico no es otra cosa que una pesada piedra que nos ancla a los infiernos nuestros. Estas caricaturas tienen prisionera nuestra verdadera esencia humana. La lujuria, el miedo, o cualquier otro defecto sicológico nunca actúa en solitario y aislado, sus actos los realiza en connivencia con otros monstruosos habitantes de la mente. En sí mismo, la lujuria, el miedo o cualquier otro agregado sicológico, posee múltiples caras, o mejor dicho, cada uno de ellos es una multiplicidad de monstruos. Esto bien lo saben aquellas personas que se atreven a descender heróicamente a los soterrados de su mente. Estos demonios rojos de Seth, como lo llamarían los egipcios de la antiguedad, estos secuases de Ahriman, como serían denominados por los antiguos persas, fueron y son un obstáculo permanente en el desarrollo verdadero de las sociedades humanas. Cargando tantos defectos en nuestro interior somos un obstáculo para nosotros mismos y para los que nos rodean. Si se nos quitara en este momento la lujuria, si se nos arrancara el miedo, si se nos extrayera el odio, si se nos extirparía la violencia, si se nos arrancara la chismografía, si se nos extrayera la mala voluntad y los muchos otros agregado sicológicos de nuestro interior, no quedaría nada de nosostros, tenemos que considerar que lo que suponemos virtudes por estos tiempos no son otra cosa que otros monstruos sicológicos. ¡Vaya vacuidad! Las virtudes se ganan con esfuerzo, son joyas en nuestro interior y sólo vienen a nosotros cuando desintegramos defectos; muere la lujuria y nace la castidad, muere el odio y nace el amor, muere el orgullo y nace la templanza. Es imposible ser casto teniendo lujuria, es imposible tener amor teniendo odio, es imposible ser templado siendo orgulloso, entonces lo que llamamos virtudes no son otra cosa que defectos sicológicos. Exaltamos a la lujuria cuando afirmamos que la masturbación es inofensiva y hasta beneficiosa. Si eliminamos de nuestro interior a esta maloliente caricatura de la lujuria la masturbación dejaría de existir. Todo defecto sicológico no es más que una funesta anormalidad en nuestro interior y puede ser eliminado. Si muere un defecto sicológico, nace una virtud, no hay otra manera para el nacimiento de una virtud. Nuestra fuerza creadora tiene su asiento en nuestras gónadas sexuales, aquí reside el poder de Hércules, la fuerza de Sansón, la inmortalidad de Aquíles, la grandeza de Huiracocha, la gloria de Jesus el Cristo, la sabiduría de Krishna, la belleza de Helena de Troya, la riqueza de Odín, nada de esto se puede lograr dilapidando el maravilloso contenido de las gónadas sexuales. Es urgente eliminar la lujuria. Toda acción nuestra se capitaliza en nuestras gónadas sexuales, no puede suceder en el cerebro, tampoco en el corazón; por el contrario el contenido de las gónadas se manifiesta a través del cerebro y del corazón.
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